El macho alfa nació en un zoo suizo (y el biólogo que lo popularizó tardó 52 años en retirarlo)
Diez lobos que no se conocían, encerrados en un patio de 200 metros cuadrados. De ahí salió el modelo de masculinidad que todavía te venden en internet.
Basilea, 1947.
En el zoo de la ciudad hay un recinto de unos diez metros por veinte. Doscientos metros cuadrados, más o menos como un piso grande.
Dentro hay hasta diez lobos.
No son una familia. No son parientes. Los han ido reuniendo de zoos distintos y los han metido juntos en ese espacio, a animales cuyos territorios naturales se miden en cientos de kilómetros cuadrados.
Un biólogo suizo llamado Rudolf Schenkel se pasa años observándolos y publica lo que ve en un artículo titulado Ausdrucks-Studien an Wölfen —estudios sobre la expresión en lobos—. Describe una sociedad tensa, jerárquica, con conflictos constantes por la posición. En lo alto de todo identifica a un macho que manda y a una hembra que manda.
Los llama, en la terminología que acabaría comiéndose el mundo, los individuos alfa.
Y aquí está el detalle que lo explica absolutamente todo, y que casi nadie menciona cuando repite la palabra: eso no era una manada. Era un grupo de desconocidos encerrados sin salida en un espacio ridículo para su especie.
Lo que Schenkel documentó con enorme cuidado no fue cómo viven los lobos. Fue lo que le pasa a cualquier animal social cuando lo metes en un sitio del que no puede irse con individuos que no son de los suyos.
Cómo salió del zoo
La palabra podría haberse quedado en la literatura especializada. No se quedó.
En 1970, el biólogo estadounidense L. David Mech publica The Wolf: The Ecology and Behavior of an Endangered Species. Es el libro sobre lobos: riguroso, ambicioso, el que todo el mundo cita durante décadas. Y recoge y populariza el modelo alfa.
Mech no se lo inventó. Trabajaba con lo mejor que había, y lo mejor que había en 1970 eran, como él mismo diría después, observaciones de lobos que no estaban emparentados y a los que se había confinado juntos.
Pero el libro funcionó demasiado bien. Y de ahí la palabra saltó a un sitio donde ya nadie iba a comprobar de dónde venía: al lenguaje corriente. Al adiestramiento canino. A los manuales de liderazgo empresarial. Al vocabulario con el que un chaval de diecinueve años se describe a sí mismo en internet.
Fíjate en el trayecto. De un patio de doscientos metros cuadrados en Suiza a un modelo de cómo debe comportarse un hombre.
Trece veranos en el Ártico
Lo que pasó después es la parte que casi nadie conoce y es, con diferencia, la mejor.
A partir de los ochenta, Mech se va a la isla de Ellesmere, en el Ártico canadiense, uno de los pocos sitios donde se pueden observar lobos salvajes de cerca sin que huyan. Pasa allí trece veranos mirando manadas libres.
Y lo que ve no se parece en nada a Basilea.
No hay lucha constante por el poder. No hay un macho imponiéndose a rivales. Lo que hay es, sencillamente, una familia: una pareja reproductora y sus crías de distintas camadas.
Cuando lo miras así, el misterio se deshace solo. ¿Por qué manda esa pareja? Porque son los padres. No ganaron ningún combate: tuvieron hijos. Y los hijos no les disputan el liderazgo, igual que tú no retaste a tu padre por el mando del salón. Crecen, y cuando les toca se van a formar su propia familia en otro sitio.
Lo que Schenkel documentó no era la sociedad lobuna. Era el equivalente lobuno de encerrar a diez adultos humanos sin parentesco en un apartamento del que no pueden salir. También ahí aparecerían jerarquías y conflictos, y también sería un disparate concluir que eso demuestra cómo funciona la familia humana.
Un hombre contra su propio libro
En 1999, Mech publica en el Canadian Journal of Zoology un artículo titulado Alpha status, dominance, and division of labor in wolf packs.
La tesis es demoledora precisamente por lo tranquila que es: la manada típica es una familia, guiada por los padres, con un reparto de tareas. El término alfa, dice, no describe a los lobos salvajes.
Está corrigiendo su propio trabajo. Veintinueve años después.
Y no lo deja ahí. Se pasa las décadas siguientes intentando que la gente deje de usar la palabra, dando entrevistas, explicándolo una y otra vez. Llega al extremo de pelear para que su propio libro dejara de imprimirse, porque seguía difundiendo una idea que él ya sabía falsa.
Lo consiguió en 2022.
Cincuenta y dos años desde la publicación. Un científico persiguiendo su propio éxito editorial para retirarlo de circulación.
Merece la pena detenerse un segundo en eso, porque es lo más honorable de toda esta historia. La ciencia no funciona porque los científicos acierten. Funciona porque de vez en cuando alguien se pasa media vida desmontando lo que él mismo construyó.
El salto que nunca tuvo sentido
Ahora viene la parte incómoda, y es la que de verdad nos afecta.
Imagina por un momento que Schenkel hubiera tenido razón. Imagina que los lobos salvajes vivieran de verdad en jerarquías de dominancia con un macho imponiéndose por la fuerza.
¿Qué se seguiría de eso sobre cómo debe comportarse un hombre en una cita?
Nada. Absolutamente nada.
Porque entre “así se organizan los lobos” y “así debe comportarse un ser humano” hay un salto que ninguna observación de campo puede justificar. Los pingüinos son monógamos y las hienas viven en matriarcados; nadie propone organizar la sociedad con esos modelos. Se elige el animal que confirma lo que ya se quería defender.
Así que el mito del macho alfa tiene dos plantas, y las dos están mal:
Abajo, un dato falso: los lobos no funcionan así.
Arriba, un razonamiento inválido: aunque funcionaran, no se seguiría nada sobre nosotros.
El psicólogo Hugo Hernández, que trabaja con hombres con dificultades para relacionarse, señala exactamente ese mercado: gurús que venden roles de hace doscientos años envueltos en una pátina de naturaleza y evolución. El hombre dominante, proveedor, conquistador. Presentado no como una preferencia cultural discutible, sino como biología.
Y funciona comercialmente por una razón muy simple: si te dicen que algo es tu naturaleza, deja de ser opinable. Ya no estás comprando un consejo. Estás comprando una identidad con certificado científico falsificado.
Lo que sí decía la manada
Aquí está la ironía final, y es casi demasiado redonda.
Si insistes en sacar una lección de los lobos —cosa que sigue sin estar justificada, pero juguemos— la lección de las manadas salvajes es exactamente la contraria de la que se vende.
No es dominancia. Es una pareja estable que cría junta. Es reparto de tareas: la hembra pesa más en el cuidado y la defensa de las crías, el macho en la caza y en traer comida. Es cooperación sostenida durante años. Es cuidar de los pequeños. Y es que los jóvenes, llegado el momento, se van a construir lo suyo.
Un modelo de familia funcional, no un torneo.
Hernández, cuando le preguntan qué sustituye al alfa, describe algo parecido: alguien que sabe hacia dónde va y no necesita la aprobación de nadie para saberlo, que puede mostrarse vulnerable dentro de la relación, que sostiene la sensibilidad de su pareja sin leerla como un ataque, que se deja cuidar.
Nada de eso requiere dominar a nadie. Y lo curioso es que se parece bastante más a lo que Mech encontró en Ellesmere que a lo que Schenkel vio en el zoo.
Porque al final de todo esto queda una pregunta que conviene hacerse cada vez que alguien apela a tu naturaleza para venderte cómo tienes que ser.
Los lobos del zoo de Basilea no se comportaban como lobos.
Se comportaban como animales encerrados.
¿Y tú?
Sigue tirando del hilo
- Las técnicas de seducción funcionan (y ese es exactamente el problema) — El mismo mercado, el mismo cliente. Qué te están vendiendo cuando te venden un guion.
- La clase de Stanford donde se enseñó a hacer apps adictivas (y de la que salió Instagram) — Otra idea que se escapó del laboratorio y acabó configurando la vida de millones de personas.
- De dónde vienen de verdad los roles de género (próximamente) — El hombre proveedor y la mujer cuidadora se presentan como el origen de la especie. La historia real es mucho más reciente y bastante más discutida.
Fuentes: Rudolf Schenkel, «Ausdrucks-Studien an Wölfen» (Behaviour, 1947). L. David Mech, «The Wolf: The Ecology and Behavior of an Endangered Species» (1970) y «Alpha status, dominance, and division of labor in wolf packs» (Canadian Journal of Zoology 77:1196-1203, 1999). Mech es investigador principal del Servicio Geológico de Estados Unidos y profesor adjunto en la Universidad de Minnesota.
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Nadie te pone en la friend zone (te pones tú)
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Entenderlo ahora“¿Le gusto?” es la pregunta equivocada (y por eso la respuesta siempre te sale que no)
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